¿Sabes que existen varias historias?

¿Te has fijado que si recuerdas con tus hermanos un suceso familiar, cada uno ha visto y vivido una situación diferente y tiene una historia distinta en sus recuerdos y en sus emociones?

Finalmente, lo que nos impacta emocionalmente es lo que recordamos con mayor intensidad, y movemos todo lo que podemos de esa situación para que tenga sentido para nosotros. Quizá un hermano recuerda lo "enorme" que era el padre, otro recuerda el tono de la voz y probablemente otro en esa misma situación recordará el intenso color de las paredes de la habitación... Y todos pueden tener razón, incluso si lo que han percibido pareciera contradictorio.

Lo objetivo de la situación: la fecha, la hora del día, las personas que se encontraban ahí, etc. es recordado por nuestra "historia oficial" y entre una y otra persona puede ser muy similar; sin embargo, la historia contada por nuestras emociones es sumamente importante porque de ella se desprenden los recuerdos que afectan nuestro comportamiento y nuestra forma de relacionarnos con los demás: miedos, autoestima, confianza, violencia, sometimiento, esperanza, tenacidad... Esta historia emocional generalmente difiere mucho de las de los demás, de manera que parecen ser historias totalmente distintas, como si hubieran visto una "película" diferente...

Y de hecho así es... cada uno ve su propia película... Es como si cada quien tuviera sus propios "lentes emocionales" que la hace única. Me pongo los lentes del niño de 3 años que le tiene pánico el padre que llega gritando, o los del adolescente que manda a volar a su padre y se va con los amigos, o quizá el de la hija que mejor se encierra en su cuarto y se deprime...

Lo interesante de reconocer nuestra propia historia emocional, es que sólo a nosotros nos pertenece ¡y se puede cambiar!

No es que modifiquemos el recuerdo en sí, pero sí podemos transformar la emoción ligada al recuerdo. Con nuestra imaginación podemos hacer que el niño de 3 años ya no tenga miedo de la situación o que el adolescente ya no desee alejarse con los amigos...

Esto se puede hacer de manera acompañada con un buen psicoterapeuta, pero también se puede trabajar solo, haciendo ejercicios de relajación en casa e imaginando con todo detalle la situación en la que se quedó atrapado algo de nuestro bienestar y modificar lo que se tenga que modificar, con ayuda de la respiración, mientras la persona se encuentra en estado de relajación.

Date permiso para cambiar absolutamente todo lo que desees: si era de noche puedes "recordar" que era día, si era una persona muy grande puedes imaginar que tú eras mucho más grande, si gritaba puedes imaginar que hablaba en voz baja..., en fin, trata de imaginar esa misma escena pero con todos los cambios que te hagan sentir bien.

Esto te permitirá sentirte más relajado, recuperar tu energía que pudo haberse quedado atorada en esa situación y sentir mayor bienestar. Si lo haces con regularidad, estos pequeños ejercicios de visualización te permitirán ir cambiando tu historia emocional, para sentirte mucho más sano físicamente y más feliz.