Llego el año nuevo y con él, una invasión de familias deshechas. ¿Sabías que enero es el mes en que más demandas de divorcio se registran? Lo que sucede es que a final de año reflexionamos en el pasado y nuestro instinto de superación nos da el impulso para decir: "¡se acabo!", "¡no aguanto más! ", "¡hasta aquí llego esto! ". Es ahí cuando muchos encuentran la fuerza para terminar con una relación dañina. Sin embargo, hay algunas que dicen: "mi matrimonio es horrible pero tengo que permanecer casada para no perjudicar a mis hijos".

El debate sobre divorciarse o no, cuando hay niños, es muy controversial. No quiero motivar a nadie a que se divorcie pero quiero exponer mi opinión. Considero que un matrimonio deteriorado donde se acabó el amor, no debe continuar sólo por los niños. Los hijos se sienten responsables de la felicidad de sus padres y cuando estás infeliz, ellos también lo estarán y aunque trates de ocultarlo, lo percibirán.

Enfrentar un divorcio es una uno de los sucesos más dolorosos y difíciles por el que alguien puede pasar, especialmente cuando hay criaturas envueltas. No importa cuán amargo haya sido el trato de tu ex, nunca hables negativamente de ello con tus hijos. Asegúrales que ellos no son los causantes de la separación y explícales que la situación familiar va a cambiar por el bien de todos.



Un divorcio no simboliza que la vida de tus hijos se arruinó. La salud emocional de un niño no depende de que sus papás vivan juntos, mas bien se basa en la armonía que exista entre sus padres, bien sea que estén casados o divorciados.

Si caes en el grupo de parejas que este año tiró la toalla en su matrimonio, te advierto que el divorcio es un proceso largo que no termina el día en que firmas los papeles. Realmente acaba, cuando dejas atrás los sentimientos de coraje, culpa y tristeza. La clave para el bienestar de tus hijos es mantener la paz y reconocer que para ambos es más saludable vivir por separado.

Maria Marin es autora de Mujer sin límite.
www.MariaMarin.com