Contrario a lo que hemos creído por generaciones, el preparar nuestro legado (sucesión) es algo que debemos hacer, independientemente de que tengamos muchas propiedades o no. Y con esto me refiero a la preparación de un testamento, poder notarial, seguros u otro tipo de asignaciones que deben planearse en caso de nuestro fallecimiento.

Al igual que la distribución de activos, la sucesión debe hacerse de la manera más eficiente posible, pues es importante para garantizar una vida sin complicaciones a los que nos resten. Y esto no es para millonarios. Dicen los expertos en finanzas que todo el mundo -sí, todo el mundo- debe tener un plan de sucesión patrimonial que establezcla claramente cómo se van a manejar sus activos tras su fallecimiento. Claro que a nadie le gusta pensar en eso, pero sin un plan de este tipo, tus seres queridos podrían pasar muchos dolores de cabeza.

Una de las primeras cosas que uno debe hacer como parte de este proceso de sucesión es financiar tu propia jubilación. Y es que no hay mejor regalo que puedas darle a tus hijos que la independencia; independencia de no tener que hacerse cargo económicamente por tu cuidado y el cuidado de tu salud una vez que hayas dejado de trabajar. Así que ya sabes: no dejes de contribuir a tu fondo para el retiro, y mientrás más temprano empieces, mejor.

Otro tema básico en la gestión patrimonial es la inversión en educación. Si ahorita puedes darte ese lujo, invierte en la educación de tus hijos, pues esto es la mejor inversión que puedas hacer en este momento. Por ejemplo, puedes abrir un plan 529 (ahorros para la educación) y mover el dinero que tengas de tu patrimonio a esa cuenta, dependiendo de cuántos hijos tengas. La ventaja de los planes 529 es que el dinero que hay allí puede ser transferido.