Los científicos en el laboratorio, aprenden de los errores de sus experimentos tanto como de aquellas cosas que funcionan bien. Los ingenieros que trabajan con nuevos diseños desde autos hasta naves espaciales o programas de computación, prueban innumerables veces sus creaciones aprendiendo de cada una de las miles de veces que el sistema falla antes de llegar al producto final. En otras palabras, hasta los más profesionales, fracasan con tranquilidad. Y es que, para ellos, el error es una parte muy importante del aprendizaje que los lleva al éxito. ¿Por qué entonces nosotros tendemos a sentirnos tan incómodos cuando fracasamos en algo que nos propusimos?
Si pudiéramos concebir el fracaso como parte del camino al éxito, perderíamos menos tiempo lamentándonos (y recuperándonos de ese fracaso) y más tiempo enfocados en cómo crear una nueva variante para lograr nuestro objetivo. Esta forma de pensar, puede transformar tu vida y la de tus hijos. Lo único que debes hacer es reconocer cuántas veces en el pasado, gracias al fracaso de una estrategia que empleaste lograste descubrir un detalle que te orientó hacia la estrategia ganadora. Claro que la idea no es establecer el error como objetivo sino permitir que el error te muestre el camino.
Por ejemplo, supongamos que para obtener más visibilidad con tus superiores has decidido traer ideas innovadoras a las reuniones de tu departamento. La primera vez que lo haces, compartes una idea de la cual tu jefe no estaba al tanto. La mayoría de los presentes reaccionan de manera negativa a tu propuesta. Al salir, tu jefe se te acerca y te dice que él cree que tu idea puede funcionar con ciertas modificaciones y que la próxima vez sería bueno obtener el consenso de algunos empleados claves antes de proponer algo en la reunión grupal.
Te sientes mal por la reacción que obtuvo tu participación pero sientes que tu jefe está abriéndote una puerta. La solución no es dejar de expresar tus opiniones, sino darte cuenta que tal vez haya sido un error hacer ese comentario sin haber compartido tu idea previamente con tu jefe y con otros compañeros para escuchar sus puntos de vista. Si no hubieras hecho el comentario, nunca te habrías enterado de la mejor manera de manejarte en tu departamento.
Aprender de nuestros errores en forma conciente, es sin duda la mejor manera de crecer. ¡Recuerda este concepto cuando los que cometen los errores son tus hijos!
Además de aprender de tus errores, también debes saber aprovechar tu potencial para llegar al éxito. ¿Quieres saber cómo? Escucha los consejos de Mariela Dabbah.
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