anecdota del dia del padre mariela dabbah
Como se acerca el día del padre quiero compartir contigo una anécdota muy divertida que le ocurrió al mío hace unos años.

Era media mañana y mi papá iba conduciendo desde el banco, donde había retirado una gran suma de dinero para pagar los salarios de los empleados, hacia su clínica. Estaba parado en un semáforo con el brazo apoyado en el borde de la ventana mirando por el espejito retrovisor. Como siempre, tan atento a lo que ocurre en la calle, este cirujano ortopédico con alma de peleador callejero. Pero como había soñado que ese día lo asaltarían, estaba particularmente atento.

Así que casi no se sorprendió cuando el ladrón le agarró la mano y le arrancó el reloj. Fue como si lo estuviera esperando y el más sorprendido fue el ladrón cuando mi papá le puso la otra mano sobre el brazo y le metió, de una sola maniobra, medio cuerpo adentro del auto por la ventana. Furioso, mi papá le empezó a pegar puñetazos en la cara hasta que el pobre tipo soltó el reloj y mi papá lo empujó para sacarlo otra vez por la ventana.

Mientras el ladrón huía horrorizado de lo que le acababa de pasar, mi papá se agachaba para recoger el reloj y los anteojos de lectura que había llevado colgados al cuello. Al descubrir que le faltaba la tirita de la cual llevaba colgados los lentes le agarró el ataque total. El problema es que esa tirita a rayas se la había regalado yo. Y cuidado con que alguien le toque algo que yo le haya regalado, así sea el más simple y barato de los objetos. Seguro que conoces la tirita de la que te hablo. Es uno de esos sujetadores de tela de algodón donde introduces las patillas de los lentes para colgártelos al cuello y que puedes ajustar con una pelotita. Mi papá, convertido de repente en cirujano super-cool, las usaba durante las operaciones porque le permitía ajustarse los lentes a la cabeza y así evitar que cayeran adentro de alguna cadera abierta.

Advertido de que le faltaba su tirita, mi papá abandonó su auto en marcha con un maletín lleno de efectivo y salió corriendo al ladrón mientras gritaba: "¡La tirita, hijo de tu madre, devolveme la tirita!" Obvio que el tipo no debe de haber tenido idea de qué le pasaba a este hombre al cual no había robado nada y que ahora lo perseguía por el medio de la calle como un desaforado.

Eventualmente, mi papá entró en sus cabales y se dio cuenta de la locura que estaba haciendo y se volvió refunfuñando al auto. Cuando al rato llegó a su clínica y se cambió para atender a sus pacientes, se le cayó la tirita de adentro de la camisa.

Te cuento esta historia porque aparte de divertida es el fiel reflejo de mi papá: apasionado, temperamental, cabeza dura, arriesgado, que defiende con los puños lo que quiere, que aprecia un gesto simple cuando lo hiciste pensando en él, y que si hay algo que no soporta es que alguien me lastime o por propiedad transitiva, que le roben algo que le regalé. Cuando me contó la anécdota, después de reírme un buen rato a carcajadas, escribí una historia similar a esta y se la mandé a la compañía fabricante de esas tiritas para que se divirtieran.

A vuelta de correo me llegó una caja llena de tiritas de colores y un pedido. Si podían usar mi historia para promocionar las tiritas a médicos y dentistas a cambio de mantenerlo a mi papá con un permanente suministro. ¡No te puedes imaginar la cara de alegría que puso cuando le llevé la caja y le di las noticias!

En el día del padre, le mando a todos los padres un fuerte saludo y un beso especial al mío que vive en Argentina.


www.marieladabbah.com
www.facebook.com/mdabbah
www.latinosincollege.com
www.facebook.com/latinosincollege