mercedes cano abogada apoyo inmigrantesSi alguna vez has sentido ganas de botar todo; tirar la toalla y regresar a tu país porque simplemente no ves salida a tu situación, bien valdría la pena mirar la historia de Mercedes Cano, una colombiana que a la tierna edad de 16 años se vio sola en Nueva York; sin familia, sin hablar inglés, sin trabajo, sin documentos y durmiendo en ocasiones en las estaciones del metro. Hoy en día, Cano es una importante abogada, dueña de su propio despacho, Mercedes Cano Law, que se especializa en casos de inmigración, ley de familia y defensa criminal. Por si eso fuera poco, ha hecho lo que pocas personas hacen al llegar a la cima: echar mano de sus conocimientos para apoyar a la comunidad.

Como fundadora y directora del Centro Comunitario y de Asesoría Legal en Jackson Heights, Queens, Cano ha ayudado a miles de inmigrantes hispanos a legalizar su estadía y a aprender sobre sus derechos en EE.UU.


¿Cómo lo hizo? Sigan leyendo, les aseguro que su historia las dejará boquiabiertas.

La llegada

Cano tenía solo 16 años cuando sus papás la mandaron a Nueva York a pasar un tiempo, aprovechando que tenía una tía viviendo en Nueva Jersey. La idea era pasar solo unas vacaciones para luego volverse a Medellín, donde se habían quedado sus padres y sus nueve hombres (todos varones). Se le metió la idea de hacer el high-school en Nueva York, pero cuando su tía falleció repentinamente, su familia la instó a volverse a Colombia.

Ella simplemente se negó.

"Yo no quería volverme. La situación de las mujeres en mi país en ese entonces era muy dura. Yo vi mucho abuso a las mujeres por parte de los hombres y yo no quería vivir así, ni crecer así", cuenta Cano, que en octubre cumplirá 40 años viviendo en Nueva York. Ni los ruegos de su madre, que en un momento dado viajó desde Medellín, lograron convencerla.

"Yo necesitaba una liberación cultural", recuerda Cano sobre la decisión de no volver a una cultura que ella percibía muy estricta y religiosa para la mujer colombiana. "Me aterraba la idea de volver sólo para casarme y tener hijos". La presión era enorme. Cano era la única mujer de 10 hermanos y la expectativa para ella era bastante clara: casarse y tener familia.

Al fin, una carrera

De cuando decidió quedarse en adelante su vida fue una sucesión de empleos cortos y mal pagados, pero nunca quitó el dedo del renglón. Su objetivo siempre seguía siendo el mismo: ir a la escuela y terminar una carrera.

Como no dominaba el inglés y tampoco tenía una residencia legal, Cano trabajó haciendo de todo, desde limpiando casas y sótanos hasta como mesera en un restaurante, empleada postal y taxista. Y aunque eventualmente logró apuntarse en un high-school en el Bronx, hubo un tiempo en que se vio durmiendo varias semanas en una estación de la línea 7 del metro. "Cuando uno es joven, eso no tiene la mayor importancia", cuenta Cano sobre esa época. "Malo que me hubiera visto en esa situación a los 30 o 40 años".

Aunque la rechazaron dos veces por no hablar bien inglés, al final Cano venció los obstáculos y logró estudiar una carrera. Se apuntó en Queens College, donde se graduó con una licenciatura en Literatura Inglesa para más tarde conseguir su título de Juris Doctor en CUNY School of Law, también en Nueva York.

A través de su práctica privada, la Oficina de Abogados de Mercedes S. Cano, fundada hace 12 años, Cano trabaja en el campo de inmigración, específicamente en el área de deportación, asilo político, y peticiones de la familia. Su segundo campo de experiencia es defensa criminal en las cortes del estado de Nueva York.

Ayuda a la comunidad

Aun desde muy joven, antes de salir de Colombia, Cano estuvo muy involucrada en los movimientos estudiantiles de fines de los 70, ayudando a la organización de marchas y otros movimientos en su natal Medellín. Fue tal su activismo, que eso fue de hecho lo que motivó a su papá a mandarla de vacaciones a EE.UU. a los 16 años, sin saber que su niña ya nunca volvería.

Esa misma pasión que sentía como adolescente la misma que ya aquí en EE.UU. la impulsó a involucrarse de lleno con la comunidad.

En 1999, todavía antes de graduarse y con fondos de la Universidad de Yale, Cano formó una organización sin fines de lucro para ayudar a la comunidad inmigrante a recibir talleres, conferencias y otras sesiones informativas sobre leyes e inmigración. El objetivo era claro: ayudar a otros a transitar ese arduo camino que empieza todo inmigrante indocumentado que viene a trabajar a este país.

El Centro Comunitario y de Asesoría Legal funciona hoy con la ayuda de docenas de voluntarios y de hecho es considerado uno de los mayores logros de Cano en este país, pues a través del centro ha vuelto a acercarse a "su gente", a su comunidad.

Los talleres del centro informan al migrante sobre sus derechos, ya sea sus derechos si los van a sacar de su departamento; si sus maridos les pegan; si los detiene la policía o si pierden su trabajo. Pero también últimamente ha estado muy involucrado en el proyecto conocido con Juvenile Justice Project, que ofrece asistencia legal a los más vulnerables a los jóvenes que han sido maltratados y abusados y que según una ley reciente pueden recibir un camino a la residencia.

Para Cano, la situación de la mujer latina en EE.UU. no es muy distinta a la de la mujer a nivel mundial, pues en general somos las mujeres quienes cargamos con la obligación y la devoción de la familia. "El sueño de venir acá a estudiar es un sueño muy costoso", dice. Y recomienda a todo aquel que esté intentando hacerla en este país no dejar de lado a su comunidad.

"Uno no se puede quedar en su casa solo. Si estás en la escuela o trabajando, haz comunidad", dice de manera enfática. Lo importante es salir y ser parte de la comunidad y las organizaciones, pues es a través de esta participación donde una se da a conocer y donde muchas veces surgen las oportunidades, ya sea para que te refieran a un trabajo o a una beca.

Sobre el futuro, Cano no descarta la posibilidad de volver a Colombia, su país, del que confiesa estar ahora "supremamente enamorada". Nueva York, dice, está muy bien para las personas jóvenes, para aprender y descubrir lo cosmopolita de la ciudad, pero que al cabo de un tiempo, uno debe buscar una mejor calidad de vida.

"Colombia es mi utopía", asegura, aunque volver es algo todavía lejano, sobre todo ahora que tiene tantos compromisos con su comunidad.

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