
Algunas personas tienen un espíritu de rebeldía innato, más propensos a tomar riesgos y romper las reglas. Otras son más tímidas en su manera de vivir la vida, haciendo las cosas dentro de los parámetros de la ley y haciendo estrictamente lo que dictan las reglas. Para el conductor arriesgado, el que excede regularmente los límites de velocidad, ignora un letrero que dice "pare" o habla por teléfono mientras maneja, su comportamiento negligente demasiadas veces va desapercibido por la autoridad y tantas otras no le lleva a ningún sitio.
El otro día una de esas situaciones me sirvió para impartir una valiosa lección ante mi hijo de nueve años. Resulta que un alocado conductor que venía con mucha prisa para evitar tener que parar por una luz roja, terminó ¡parado en la luz roja! Al cambiar la luz a verde aceleró rápidamente con la intención de que no le pasara lo mismo otra vez. ¿Y qué pasó? Tuvo que parar en la próxima luz roja. Entonces le dije a Jared: "Romper tanto las reglas no le sirvió de nada". Es posible que una persona que está acostumbrada a romper las reglas en la carretera es también una persona que no tiene problema con romper las reglas en otros ámbitos de la vida.
¿Por qué se rompen las reglas de tránsito? ¿Para ahorrar tiempo? Si bien se ha perdido bastante el respeto a muchas de las leyes que nos gobiernan en las calles, el cinismo con el que se ignora una señal roja fácilmente pudiese costar vidas. Entonces, la lección para grandes y chicos es: romper las reglas en la carretera, no te llevará más lejos más rápido, pero sí puede costarte la vida.











