como aumentar confianza
Hola amigas en este día quiero invitarte a descubrir que tú también puedes ser una acróbata en tu vida, esto te permitirá vivir en un mayor equilibrio a pesar de las circunstancias.

Al recordar mi infancia, una de las actividades que más disfrutaba era ir al circo. Sin duda uno de los espectáculos más impresionantes para mí era el de los acróbatas, que podían mantenerse en perfecto equilibrio sobre una cuerda, caminando o conduciendo una bicicleta, desplazándose de un extremo a otro creando así momentos de tensión, emoción y angustia en toda la audiencia.

Sin dejar de observar cada detalle de ese espectáculo circense, siempre me inquietaba profundamente saber cuál era la fórmula de esos acróbatas para lograr mantenerse en equilibrio y llevar incluso sobre sus hombros a otros valientes compañeros, logrando una armonía perfecta que suscitaba un merecido aplauso del público presente.

En medio del asombro por esas hazañas poco comunes, me surgía en ocasiones la duda por si algo no salía bien. Si solo un pie no se colocaba de la manera correcta, si se le daba más importancia a algún otro detalle, todo podía acabar tristemente en un instante. Cuando estaba sentada en el circo -disfrutando por supuesto de un paquete enorme de palomitas de maíz-, mi atención se centraba en no perder ningún detalle de la presencia de los tigres, leopardos y leones que, dirigidos por sus domadores, me transmitían tranquilidad, ya que no existía ninguna manera de que escaparan de sus áreas de exhibición.

Por lo tanto, pensaba que todo estaba bajo control, de forma que nadie podría ser atacado por alguno de esos feroces animales. En cambio cuando salían los acróbatas, mostrándonos todas sus destrezas sobre las cuerdas, atravesando a todo lo largo el techo de la tienda del circo, comenzaba a preocuparme y dejaba de hacer cualquier cosa que estuviera haciendo -como deleitarme con mis palomitas de maíz-, y en varias oportunidades terminaban en el piso. Perdía la noción de tenerlas en mis manos y, producto de mi preocupación, perdía el control y empezaba a sufrir al observar las pericias, deseando que ninguno de los equilibristas cayera, dado que por lo general en muchas presentaciones no utilizaban las mallas de protección, poniendo entonces en riesgo sus vidas.

Así exactamente ocurre con todos nosotros. Aunque no somos acróbatas, por lo general tratamos de poner todo en equilibrio. El equilibrio mantiene las cosas en su lugar; si una de esas cosas pierde el equilibrio, se cae y se trae consigo las demás. La vida, en verdad, puede ser como una cuerda muy delgada, una cuerda larga con principio y fin, una cuerda que está a cierta altura y que debemos alcanzar para comenzar a caminar con equilibrio. Sin embargo, antes de subir a esa cuerda tenemos que dar los pasos que mencioné en los capítulos anteriores: la aceptación y el enfoque. Con estos somos capaces de trepar las escaleras que nos llevarán a iniciar el camino sobre la cuerda de nuestra propia vida, en la que trataremos constantemente de mantener el equilibrio, imprescindible para saber vivir.

Yo siempre he sido muy inquieta y curiosa, por eso en una oportunidad cuando fui al circo a los doce años, le pedí a mi madre que me llevará a conocer un acróbata, para hacerle unas preguntas a fin de descubrir el secreto que encerraba el caminar con tanta agilidad
sobre la cuerda floja. Recuerdo el momento cuando pude conocer uno de una excelente complexión física -delgado y no muy alto-quien lucía sano y muy fuerte. La pregunta que le hice fue: ¿Cómo era capaz de lograr mantenerse en la cuerda por tanto tiempo y lucir como si nada peligroso pudiese ocurrir?

El gentil caballero me contestó sabiamente y me habló acerca de varios pasos para lograr caminar con éxito en la cuerda floja:

1. Primero: reconocer si en realidad uno está haciendo lo que le gusta y si eso es parte de su misión en la vida.
2. Segundo: determinar responsablemente si uno reúne las condiciones físicas para estar encima de la cuerda floja, lo que implica una disciplina de entrenamiento a fin de realizar
su labor con seguridad y confianza en sí mismo.
3. Tercero: aislarse de lo que pasa alrededor. Esto incluye al público espectador, ignorar las risas, las exclamaciones de susto por parte de los presentes u otras distracciones que
pudieran desviarlo de su enfoque.
4. Cuarto: mantenerse en perfecto equilibrio, es decir no dudar de uno mismo y creer en sus habilidades y entrenamiento.
5. A l final, el quinto paso fue sin duda algo que me impresionó profundamente. Este último punto de gran importancia y consiste en entregarse a Dios, porque solo Él puede protegerte si pierdes el equilibrio.

En nuestra propia cuerda floja, que es la vida, el equilibrio es fundamental, pero para conseguirlo hay que empezar a actuar y a buscarlo, pues no vendrá automáticamente. Por el contrario, las presiones constantes de esta vida te amenazarán de modo que pierdas el equilibrio. Por lo tanto desde hoy conviértete en una acróbata y mantén el equilibrio de tu propia vida.

Hasta la próxima, ¡bendiciones!