Hola, soy María Andrea Fridmann, editora de entretenimiento y música de AOL Latino, pero todos me conocen como Mandy. Como periodista, creo fervientemente que las estrellas de mis notas son las historias, no quien las reporta o las escribe, pero hoy me tomo una licencia a mis creencias para compartirle mi vivencia, que seguramente es la de muchos de ustedes. Sí, hoy cumplo 40 años y cambié... ¡Mi cuerpo y mi salud!

Siempre tuve problemas de sobre peso, genética, metabolismo lento, poco amor a los deportes y me excusé en escudarme en todo lo anterior para dejarme caer en las tentaciones de los chocolates y todos su derivados. Mi personalidad siempre me jugó a favor, ser 'gordita' en un país como Argentina que hacen culto a la flacura extrema, no fue fácil. Pero libré primaria, secundaria, novios, amigos como cualquier persona 'normal'.

Llegar a Estados Unidos, el país de la libertad y el individualismo, terminó potenciando aquello que, hasta el momento podía ser simpático, pero que pronto se convirtió en un severo problema de salud a mis ¡menos de 30 años!

Cuando dicen que los índices de obesidad en Estados Unidos son los más altos, no es chiste y que las mayores víctimas somos los latinos, es verdad. De repente nos vemos libre de la mirada censuradora de nuestros compatriotas, de las vendedoras de tiendas que te dicen que 'para ti no hay ropa' y nos soltamos. A eso le sumamos la comida con mucha hormona y la vida sedentaria.

A los 5 años de vivir en Estados Unidos había aumentado más de 100 libras, no había dieta que pudiera seguir por mucho tiempo y me las hice todas. Pero el sobrepeso no era solo un problema estético: con tan solo 32 años era hipertensa, debía tomar dos medicamentos por día y estaba a pasos de una diabetes y una sirrosis por tener el hígado graso.

TIEMPO DE COMENZAR A CAMBIAR: BYPASS GÁSTRICO

Decidí que era tiempo de cambiar, algo que solo puedes lograr si realmente estás convencido de ello y si tienes grandes angelitos que te apoyan, mucho mejor. En mi caso mi familia, mis amigos y en especial mi esposo, Enrique Tubio, que se enamoró de mí siendo obesa y me acompañó en cada cambio con apoyo y amor.

Hay muchas opciones, pero yo me decidí por un cambio drástico: una operación bariátrica. Intenté hacerla aquí mismo, pero el seguro médico que tenía decidió, después de meses, que era algo estético y no la aprobó. Investigando y viendo casos de otras amigas, llegué a un maravilloso doctor que comenzó a cambiar mi vida, José López, pero en Venezuela y allí fui a operarme. No es lo que hubiera querido, operarse en un país en donde no vives es riesgoso. El 18 de febrero de 2006 me hice un bypass gástrico muy exitoso en el hospital de clínicas de Caracas.

Es importante saber que no hay soluciones mágicas, que para hacerse una cirugía uno debe estar bien informado y sobre todo convencido porque después de dar el paso, no hay vuelta atrás y tu estómago será pequeño de por vida y habrá comidas que ya no volverás a probar porque hay tolerancia cero en tu metabolismo.

Nunca sentí dolor, y fui muy disciplinada, pues me aterraba comer algo incorrecto y terminar en el hospital, pues esa es una de las consecuencias de no hacer las cosas bien en este tipo de cirugías. Bajé más de 100 libras, estaba feliz, se me cayó mucho el pelo, parte del proceso, pero luego creció más fuerte y lindo. Sin embargo, algo que no había previsto se cruzó en el camino: la piel que se estiro con las libras nunca volvió a su lugar y colgaba en mi estómago como si tuviera una mini-falda de carne.

SEGUNDA CIRUGÍA: MILAGRO CAÍDO DEL CIELO

Después de tener a mi hijo Luca, que hoy tiene 3 años, la piel flácida se puso peor, no solo era incómodo y feo estéticamente, sino que lo era hasta por cuestiones de higiene. Haciendo uso de las bondades de todo lo que publican mis colegas en AOL Salud, me sometí a la dieta del doctor David Chams, el que le hizo bajar 40 libras a Angélica Vale antes de su boda y fue un éxito.

Y después supe de la famosa cirugía descubierta por el doctor Anire Okpaku: el 'Total body lift'. Eso era lo que quería y con lo que soñaba para poder llegar a los 40 como siempre quise estar a los 20. Y como señal de que era el camino correcto, llegó para la misma época dinero de la herencia de mi abuela paterna. Mi papá que falleció hace ya 15 años y mi abuela Delia me estaban mandando mi regalo para los 40 desde el cielo.

Conocer a Okpaku (todo el mundo le dice Doctor O), fue a hacer click desde un comienzo, porque otras de las cosas importantes en este camino por ser quien siempre quise, fue sentirme segura con el cirujano. Y tal como él mismo lo recomienda, investigué sus trabajos y todo se historial.

La ventaja es que, el doctor O, es el cirujano de las estrellas y ya había visto muchos excelentes resultados en mis entrevistados, que off the record me habían confesado lo que se habían hecho con Okpaku. Muchos de ellos ni se imaginarían que están operados y de tantas cosas.

La cirugía duró 6 horas, Okpaku me quitó ¡18 libras de piel! increíble pero real. Mi miedo a sentir dolor se quedó solo en eso: pues jamás sentí nada en el post operatorio, los puntos se fueron disolviendo, las cicatrices van desapareciendo, la operación fue ambulatoria y a los 4 días ya estaba de nuevo trabajando.

A tres meses de aquel día que volvió a cambiar mi vida, me siento feliz, cómoda con mi cuerpo que se sigue desinflamando aún y muy pero muy contenida con mi doctor que está pendiente de mi evolución no como su clienta, sino como su paciente. Claro, un último detalle a tener en cuenta, muy pero muy importante: el post operatorio es aún más importante que la cirugía, dieta, evitar lo máximo posible carbohidratos y frituras para no obstruir el proceso y evitar fibrosis. Ejercicio, aunque sea caminar y masajes para drenar.

En fin, hoy cumplo 40 años, sigo en el proceso de cambio, pero ya me queda poco sobrepeso, no tengo piel colgando, mi salud está perfecta ¡Y soy feliz! Gracias por leer mi historia y ¡Happy Birthday to me!