En algún momento durante tu matrimonio, vas a despertar, a mirar a tu cónyuge y te vas a preguntar si esa es tu pareja correcta. Eso se debe a la falsa noción de los cuentos de hadas que nos hace creer la sociedad; el romance y la ilusión sobre lo que debe ser una relación de pareja. Llegamos a creer que todo debe ser perfecto y que vamos a ser "felices para siempre" sin esfuerzo alguno. Sobre todo, ponemos en la pareja toda la responsabilidad de hacernos felices. Nos crean expectativas poco realistas y una actitud de todo o nada, correcto o incorrecto, acéptalo o déjalo, todas muy determinantes.

No nos enseñan opciones ni posibilidades de negociación para manejar las relaciones. Tampoco nos responsabilizamos por nuestras desilusiones o decisiones. Esperamos una magia que no existe y cuando no la vemos, decidimos que la pareja no sirve. Hasta llegamos a creer que hay una sola persona correcta y esa no es. De hecho, las mujeres inician más rompimientos y dos terceras partes de los divorcios porque se desilusionan más que los hombres. Tienen un modelo de lo que una relación debe ser y comparan la suya con lo que creen que deben tener. Los hombres no monitorean la calidad de su matrimonio, excepto en el área sexual.

En un artículo publicado en la edición enero-febrero de la revista Psychology Today, Christine Meineke, psicóloga clínica, expone un nuevo paradigma matrimonial que ella llama "cónyuge responsable de sí misma", muy a tono con las corrientes de psicología y auto ayuda de las últimas décadas. Bajo condiciones normales, cuando te sientes infeliz, no es hora de mirar a tu esposo, sino a ti misma.

Ella explica que en el amor maduro, no pretendemos que nuestra pareja nos provea nuestra felicidad. Asumimos responsabilidad por las expectativas que tenemos y nuestras reacciones emocionales negativas. Las conversamos con la pareja y trabajamos para resolverlas. No solemos actuar así. En vez de mirar hacia adentro, incurrimos en todo tipo de conducta que destruye la relación, según William Doherty, director del programa de terapia matrimonial y familiar de la Universidad de Minnesota.

Indica Doherty que nadie va a llenar todas tus necesidades todo el tiempo en una relación. Es imperativo que haya una mutua aceptación fundamental en la pareja. Cuando se es padre, sabemos que lo bueno y lo malo, lo que nos gusta y disgusta viene con el territorio. Con el matrimonio, no tenemos la misma tolerancia. Siempre habrá desilusión y desaliento en una relación, pero nuestra cultura consumista nos dice que no debemos conformarnos con nada que no sea ideal. No hay relación ideal; es un conjunto de cosas. La pareja tiene que estar consciente de que están en una relación de crecimiento o un trabajo en progreso.

¿Cómo sobrevive una relación a ese momento, a menos que haya traición, adicciones o abuso?

+ Entiende que es imposible ser delirantemente feliz en el matrimonio a cada momento, si durante el mismo tienes hijos, los crías, cambias de trabajo y te enfrentas a otros eventos cambiantes.
+ Usa la desilusión como algo que te lleve a descubrir tus necesidades y hablarlas con tu pareja. A menudo no decimos nuestras necesidades porque eso nos hace, sentir vulnerables. Esto es esencial para crear romance, pero preferimos quejarnos y la pareja no es adivina.
+ Conócete a ti misma y comparte la información, para aumentar la intimidad y la conexión. Antes de que el otro te conozca, tienes que conocerte tú.

Aunque los cuentos te lo hayan hecho creer, no hay tal cosa como dos personas nacidas el uno para el otro. La relación de pareja es ajuste y adaptación, y una evolución continua frente a unas situaciones que están en constante cambio. Las parejas sobreviven cuando están dispuestas a construir amor, sanar los conflictos, y superar la etapa de idealización y desilusión. El que no entiende eso, cambia de pareja como de vestido y nunca será feliz.

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